Es un recorrido habitual que tengo incorporado en mi rutina de vida, o por el día o acampando para los paseos más largos.
En estas exploraciones he aprendido más de plantas y paisajes naturales que en todos los libros que he acumulado en todos estos años.
Cada estación tiene su encanto, sino son las plantas es el mar, su fuerza, las marejadas, las formaciones y rocosa y esculturas naturales que forman las rocas y piedras. Hay de todas formas: redondeadas, afiladas y angulares, con orificios donde se posa el agua.
Habitualmente inicio el recorrido con la caleta de Pichicuy, una caleta pequeña artesanal donde lo más preciado son sus habitantes, sus historias, su mirada.
Los pescadores tienen el problema común a todos los pescadores artesanales en Chile, la falta de recursos y el peligro que implica su actividad.
Antiguamente los botes eran arrastrados por caballos para echarlos al mar o para recogerlos, con el “progreso” se construyó un molo pero muy pequeño para sus necesidades. A través de los años he podido establecer lazos con ellos y periódicamente los visito y compro los mejores pescados cuando “la mar” lo permite.
A 12 kilómetros al Norte está situado Los Molles, pueblo de cochayuyo, algas y luche, con formaciones rocosas sorprendentes, el mar choca con fuerza en los acantilados al final del camino arrastrando piedras y algas con las marejadas.